SEGUNDA PARTE:
Salí de los lockers y corrí para buscar a mi madre. La vi en la recepción, junto con todas sus amigas de trabajo, tomándose fotos ya listas para entrar al salón con los pacientes y todos los participantes. Se veía realmente hermosa. Llevaba un vestido color salmón, le quedaba ajustado del torso y después caía suelto de la cintura hasta las rodillas. Era perfecto. Sonreí y me quedé atónita cuando vi a mi padre. Vestido con un traje negro, una corbata roja y un peinado realmente juvenil, se veía guapísimo.
– Al fin llegas – gritó mi madre. Me hizo señas para que me acercara.
Me acerqué y abrió sus brazos para que la abrazara. Vi a mi padre de reojo, estaba sonriendo y mirando a mi madre. Los amaba de verdad.
– Una foto de los Wilde – dijo Grace quien manejaba la cámara digital de mi madre. Sonreí para la cámara y el flash me cegó por un momento.
– Te ves hermosa mi vida – chilló mi madre después de tomarnos la foto.
– No más que tú – le sonreí.
Mi padre puso sus brazos a los costados invitándonos a mí y a mi madre a tomarnos de cada uno. Así lo hicimos. Nos dirigimos al salón. La mayoría de los invitados ya estaban en sus respectivas mesas. Todos guapísimos, sonriendo, aplaudiendo y respirando felicidad.
Saqué mi celular y vi un mensaje de mi amiga.
“Ya estoy en la mesa de tu familia. Espero no te moleste”, decía. Me separé de mis padres y corrí a la mesa. Cuando llegué vi a Halley besando a su precioso novio, que llevaba un traje azul marino que combinaba con el vestido de mi hermosa amiga.
– Ahm – tosí. Los dos se alejaron del rostro del otro y se dieron vuelta para mirarme con las manos en mi cintura acusándolos con la mirada.
– ¡______!
Se levantaron de sus asientos y se acercaron para saludarme. Halley como siempre me abrazó efusivamente. Cuando se separó de mí me miró de arriba abajo.
– Dios santo, te ves tremendamente guapísima – me dijo mientras me daba una vuelta. Me sonrió con ternura mientras George se posaba a un costado suyo.
– Hola ______ – dijo mientras me acercaba para plantar un beso en su mejilla. Su mano viajó a mi cintura y me abrazó. – Al fin te conozco, Halley me ha hablado muy bien de ti. Creo que no exageraba – George rió al igual que Halley.
– Tonto – Halley golpeó su brazo y lo quitó del camino.
– Te quiero, princesa – dijo George con ternura mientras la tomaba del rostro y ponía sus labios encima de los de Halley.
– Vamos, ve a traerme un poco de ponche, tengo algo que hablar con ______.
George se fue. Halley me tomó del brazo y me sacó del salón. Caminamos hasta el ascensor y llegamos a nuestro lugar secreto. Era el piso que jamás habían terminado de construir. Nosotras habíamos llevado un par de cosas con el permiso de los directores del hospital. Me hizo sentarme en una de las sillitas que había en el piso y me miró amenazante.
– Antes de que me cuentes cualquier cosa, quiero que sepas que no deja de sorprenderme tu belleza. Estás perfecta ______.
Sonreí y bajé la mirada. La verdad me apenaba muchísimo que me dijeran esas cosas.
– Okey. Déjame contarte.
– Por favor.
Cruzó sus piernas y se recargó en el respaldo del sillón rosa. Puso toda su atención en mí y le conté cómo había sido. No le dije de las clases, ya que Justin me había pedido que no le contara a nadie.
– ¡Eres una puta ______! – gritó Halley emocionada. – ¿Te gustó?
– Mucho. Tengo sus caricias en mi mente todo el tiempo. No he dejado de pensar en lo que sentí desde que me quedé dormida.
– ¿Te quedaste dormida? – me preguntó sorprendida.
– Después de que tuvimos… eso, él me dijo que durmiera porque estaba muy cansada.
– ¿Él durmió?
– No.
– Bueno, vámonos. Tu madre ha de estar loca buscándote.
Corrimos de nuevo al ascensor y regresamos al salón. Una banda estaba tocando baladas y canciones de épocas pasadas. Halley se fue con George y yo me quedé sentada viendo lo hermosos que se veían todos con sus parejas. Tomé mi celular y vi un mensaje nuevo.
“De: Número desconocido. ¿Cómo te la estás pasando, preciosa? Espero que hayas aplicado lo que te enseñé”
Sonreí. Lo contesté.
“Para: Justin. Oh, olvidaba que ahora es mi tarea tener sexo con el que se me cruce. Vamos, estoy algo adolorida”
Pulsé el botón de enviar. Mi celular comenzó a vibrar. Salí del salón y contesté.
– ¿Hola? – contesté mientras me alejaba del ruido de la fiesta.
– ¿Cómo va tu fin de semana, preciosa? – su voz sonó algo ronca y provocadora. Era realmente excitante.
– Perfecto. ¿El tuyo?
– Ah, trabajo. Mucho – se quejó.
– ¿Cómo demonios conseguiste mi número?
– Antes de irme lo rebusqué en tu celular – soltó una risita.
– Oh – suspiré. – ¿Cuándo será la próxima clase? – pregunté.
– Uhm – se escuchó como hojeaba un cuaderno. – Tengo tiempo el jueves. ¿Quieres el jueves?
– Sí. Estaría bien el jueves. El martes salgo del colegio.
– Oh, cierto.
– Bueno, profe, tengo que irme – sonreí mientras jugueteaba con mis tacones.
– Espera alumna. ¿Dónde estás?
– Creí que las reglas eran importantes para ti.
– Solo por cuestiones de trabajo. Solo quiero saber qué haces. Estoy realmente aburrido, corazón – bostezó.
– Estoy en un baile – admití.
– Uhm. ¿Cómo estás vestida? – me preguntó interesado.
– Vestido rojo, realmente ajustado a mis muslos y a mi trasero. El abdomen que tanto te gusta se veía perfecto en el espejo, al igual que mi “busto de modelo” – me reí. Él también rio.
– Me encantaría ver como tus ojos aguamarina combinan con ese vestido. Oh, y tu trasero…
– ¡Justin! – grité sorprendida.
– ¿Qué preciosa?
– Eres todo un pervertido – gruñí.
– Me encantaría que esta clase fuera gratis para poder enseñarte el arte del sexo por teléfono – su voz sonó tan gruesa que me hizo estremecer.
– Estoy sintiendo algo extraño en mi entrada – admití asustada.
– Eso está bien.
– No lo creo – dije algo preocupada con la sensación nueva.
– Créeme que lo es. Estás excitada.
Abrí los ojos como platos. Lamí mis labios y me llevé mi mano a mi cintura.
– De verdad tengo que irme. Nos vemos el jueves, profe – dije provocativa.
– Ponte algo lindo ¿sí?
– Lo que diga profe.
Colgué y regresé a la fiesta. Dios mío. ¿Qué me había pasado?
Después de la fiesta, mis papás y yo regresamos a casa. Corrí a mi cuarto y entré a mi baño. Por primera vez en toda la noche admiré el trabajo de Kate y de Grace. Estaba realmente encantadora. Abrí la cámara de mi celular y me tomé una foto frente al espejo y otra con la cámara frontal.
Mis ojos estaban delineados con negro y sombreados con café y blanco. Mis labios remarcados por un tono rojo carmesí y mis cejas perfectamente delineadas. Mi peinado era alucinante. Kate me había decolorado las mechas y le daba un aspecto asombroso a la trenza. Me pregunto cuánto durará mi cabello así.
Tomé una toallita húmeda y empecé a arruinar el trabajo impresionante de Kate y de Grace. Lo extrañaría por siempre, pero ya me había tomado una foto para recordar lo hermosa que me veía esa noche. Cuando al fin estuve totalmente desmaquillada, me puse una playera de los Yankees de mi padre y unos bóxer para dormir.
Cepillé mi cabello y lo recogí en una coleta. Lavé mis dientes y me acosté en la cama. Tomé mi celular y le mandé la foto a mi profesor. Sonreí.
“¡Dios ______! Te ves realmente bien. Buen trabajo. Espero que las víctimas lo hayan disfrutado”, contestó. Reí y dormí. Ese profesor…
domingo, 12 de enero de 2014
Capitulo 7°
PRIMERA PARTE:
Al siguiente día, fui a visitar a mi madre al hospital. Era día de fiesta, el baile de navidad que se llevaba a cabo en el hospital con los trabajadores, los pacientes y toda la familia de los anteriores. Cuando llegué con mi mochila para después cambiarme y mi cabello completamente deshecho, mi madre me notó algo rara.
– ¿Qué te ha pasado, ______? – preguntó mientras acomodaba un par de papeles en la bandeja de registro.
– ¿Por qué lo dices?
– ¿Estás feliz o solo quieres irte de aquí? Te recuerdo que es el baile.
– Oh, vamos. Me siento de un ánimo estupendo – exclamé. - ¿No puedo sentirme así aunque sea una vez? – refunfuñé.
– Ajá, lo que digas.
Rodeé mis ojos, no quería discutir. Era un día perfecto, me sentía totalmente renovada, como una persona nueva. Estaba algo adolorida por la noche anterior, pero eso no quitaba lo entusiasta que estaba esa tarde. Empecé a tararear una cancioncilla que no sé de dónde vino, mientras le ayudaba a una de las enfermeras a acomodar unos papeles. Mi celular comenzó a vibrar y rápidamente atendí.
– ¿Diga?
– ¡______! – gritó la voz chillona de Halley.
– ¡Joder! – musité. – Me haz roto el tímpano, estúpida.
– Oh, discúlpame – susurró entre risas. – A que no adivinas la noticia que te tengo que dar.
– No tengo la más mínima idea de lo que me dirás.
– ¡George es mi novio! – gritó más que feliz.
Me hacía feliz el saber que Halley se había conseguido a alguien después de lo que le hizo Joe, pero no me gustaba saber que solo llevaban dos días de conocerse y ya eran novios.
– Ah – suspiré. – ¿No se te hace muy pronto para eso?
– ¿De qué hablas?
– Digo, la noche pasada te acostaste con él y ya hoy son novios.
– ¿Estás celosa porque yo sí puedo acostarme con quien quiera?
– Eh, no me mal entiendas – bufé. – Solo estaba diciendo que…
– Bah… Estás celosísima – canturreó.
– ¡No estoy celosa! Carajo Halley – grité. – Mira, haz lo que quieras, no quiero que te lastime, ¿de acuerdo?
– No lo hará… si alguien saliera lastimado, sería él.
– Pero tampoco lo lastimes.
– No lo haré.
Después de un rato platicando de la noche de Halley, tuve la necesidad de contarle de Justin.
– Halley… – dudé. – Ya tuve mi primera vez – dije entre dientes.
– ¿Qué? – exclamó sorprendida. – ¿Te han desvirgado y tuviste el descaro de no decirme?
– Lo siento – reí.
– Cuéntamelo todo – me pidió. Supe que estaba dando de brinquitos cuando se escuchó un golpe enorme por la bocina. – Estúpida pared – gruñó molesta.
– Ahora no puedo contártelo – reí.
– ¿Entonces cuando me lo contarás?
– ¿Puedes venir al hospital en la noche? Es el baile de navidad, me gustaría mucho contarte.
– Por supuesto, guapa. Nos vemos entonces. Ahora iré al supermercado a comprar un poco de elote para Frank. Ese estúpido cree que soy su criada.
Reí silenciosamente.
– Nos vemos luego, disfruta esos elotitos – jugué.
– Vale, te amo guapa. Nos vemos.
– Te amo. Chau.
Le mandé un beso por la bocina. Colgué y le sonreí tontamente al móvil. Mi amiga era la mejor de todas.
Unas horas después, mi madre me dijo que fuera con una de sus amigas a arreglarme para la noche. Su amiga, Grecia, me llevó a un cuarto donde todas nos vestiríamos. Aventé mi mochila al pequeño silloncito de la recamarita y me senté sin ganas en la camita. Mi cabello calló en delicados caireles frente a mi rostro y los soplé un poco para perder el tiempo.
Me levanté de la cama y abrí mi mochila, saqué el vestido rojo que había comprado para esta ocasión y los tacones negros con diamantitos. Me saqué la sudadera gris del pants junto con la blusa quedando solo con mi sostén rojo de encaje. Me miré al espejo así, casi desnuda. Mi abdomen se veía realmente bien. “No. Así te ves perfecta, me gusta mucho tu abdomen”, recordé la voz de Justin.
Sacudí mi cabeza y seguí desnudándome. Me quité los tenis, las calcetas y luego el pantalón del pants. Volví a mirarme el espejo, vi mi trasero redondo y paradito en el espejo y reí por lo bajo. Me admiré un par de segundos más y notaba algo diferente en mí. No podía saber qué era, pero había algo diferente en mi aspecto físico.
Regresé mis pensamientos a mi vestuario de noche y empecé a ponerlo en su lugar. No estaba muy conforme con mi estatura sin tacones, pero me sentía totalmente sexi con ese vestido rojo que se moldeaba a mis piernas y a mis nalgas de una manera realmente provocadora.
Me puse mis tacones y salí de la recamara para encontrarme con Grecia.
– ¿Me queda bien? – le pregunté mientras me daba una vuelta.
– ¡Dios mío ______! – exclamó. Se llevó una mano a la boca debido a la sorpresa. – ¡Te ves hermosa!
Sentí como el color subía a mis mejillas.
– Gracias – reí.
– Ahora ven, vamos a ponerte todavía más hermosa.
Caminamos hacia el baño. Ya había dos chicas esperándome. Grace iba a maquillarme y Kate iba a peinarme. Grace miró mi rostro viendo cómo maquillarme mientras Kate tomaba una plancha y empezaba a hacer magia.
– Cierra los ojos. Si quieres duérmete un rato.
Cuando ambas terminaron me hicieron abrir los ojos, pero no pude verme. No querían que me viera aún, sino hasta el baile. Me sentía un poco insegura al principio ya que no sabía qué aspecto tenía, solo sabía que mi cabello estaba recogido en una hermosa trenza y un tanto decorado.
Corrí a la recámara donde me había cambiado para tomar mis cosas y llevarlas al locker de mi madre. Las guardé y tomé mi celular. 3 mensajes nuevos.
“De: Halley. ¡Tía, llevaré a George al baile! Espero no tengas problemas, te amo guapa. :*”
“De: Papá. Dile a tu madre que llego un poco tarde. Ya espero verlas mis princesas”
Deslicé mi dedo más abajo. Era un número desconocido.
“De: Número desconocido. Espero verte pronto para tu próxima lección, preciosa. Pásala bien”
Justin.
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